Cómo crear una buena voz de escritor en redes sociales

Una de las primeras cosas que el escritor debe idear cuando se enfrenta a la titánica tarea de escribir una novela es qué narrador escoger. Este estará sujeto a la voz del autor, esa manera propia de contar las cosas y que lo distingue del resto de escritores.

A mí me gusta pensar en el narrador como en un personaje más de la novela. ¿Es un narrador cámara que se limita a exponer los hechos? ¿Es un narrador en primera persona que siente, lamenta y ama? ¿O, quizá, un narrador omnisciente que tiene un sentido del humor peculiar? Sea como sea, este rasgo de la novela hará que el lector la viva y la interiorice de una manera u otra, y nunca se deja al azar porque se sabe lo importante que es para conectar con el lector. ¿Por qué, entonces, algunos escritores se despreocupan de encontrar un buen narrador para sus redes sociales?

Como ya hemos visto en esta entrada (link), las redes sociales son un recurso muy útil para que el escritor se dé a conocer. Sin embargo, es muy sencillo hacer un mal uso de ellas, sobre todo si caemos en tonterías como salidas de tono, borderías o insultos. Pero vayamos por partes.

Tu narrador eres tú… Más o menos

Tienes que hacer un cambio de chip desde el momento en el que decides salir del armario (link) y te presentas al mundo como escritor. Ahora eres una persona pública, te guste o no, y cómo te comunicas con los demás hará que les caigas bien o mal e influirá en la toma de decisiones ante la compra de una de tus novelas.

¿Eso quiere decir que no puedes ser tú en las redes sociales? No, por supuesto que no. Lo que quiere decir es que debes cuidar las formas y adaptar tu comportamiento al escenario en el que te mueves. Igual que no vas en pijama a la oficina, tampoco puedes comportarte siempre de manera descuidada en un ambiente donde no todo el mundo te conoce. No dejas de ser tú cuando vas a trabajar, simplemente te has adaptado al lugar en el que estás. Pues lo mismo en las redes sociales.

La contención

Las redes sociales son como un bar. Cuando abres tu cuenta de Twitter o de Facebook, sabes que te vas a encontrar a gente, pero al principio te sientes inseguro si no estás entre tu grupo de amigos. Después, cuando este se va haciendo más y más grande, empiezas a sentirte cómodo y te desinhibes. Quizá bebes más de la cuenta, gritas o haces chascarrillos que en tu grupo hacen mucha gracia pero dan vergüenza ajena a quien te mira desde la mesa de al lado. Así es muy difícil que ese desconocido deje su sitio para sentarse junto a ti y escucharte, ¿verdad?

Y ahora solo estoy hablando de lectores. Imagínate que llega a tus redes un editor. ¿Crees que le gustará verte sentado con las piernas abiertas, eructando y chillando?

Es posible que pienses que estás en tu muro y, en tu muro, puedes hacer lo que te dé la gana. Estoy de acuerdo. Sin embargo, no está de más pensar en las consecuencias que esos actos pueden tener en tu carrera. Si te muestras como una persona problemática, esa imagen puede convertirse en una reputación que te cierre puertas (link). Por supuesto, estás en tu derecho. Pero si después te encuentras en un callejón sin salida, la culpa será tuya y solo tuya.

Por eso solo te digo una cosa: si realmente quieres utilizar tus redes de forma profesional, para darte a conocer y acabar vendiendo libros, contente. Sé educado siempre. No te metas en líos. Intenta no despertar odios porque, a la larga, esos odios se pagan.

Esto no significa que haciéndolo todo perfecto le caerás bien a todo el mundo. En absoluto, las cosas no funcionan así. Pero no irás poniendo obstáculos en tu propio camino.

Encuentra tu voz en las redes sociales

Tu voz depende de tu personalidad y, también, de lo que quieras mostrar. Por eso, aquí te dejo una guía completa de qué hacer para aprender a usar tu voz para comunicarte correctamente e impactar en tus públicos.

  1. Solo hay una norma básica: la educación

Hace algún tiempo, seguía a una persona que publicaba contenido interesante por estar relacionada con editoriales y libros del género que más me gusta. No nos conocíamos personalmente ni habíamos interactuado mucho, pero yo era su público objetivo. El año pasado publicó en Facebook un artículo sobre un evento en el que ella participaba y al que yo quería asistir. Busqué de forma muy rápida y chapucera cómo comprar entradas pero no lo encontré, así que se lo pregunté en un comentario de la publicación. Su contestación fue algo así como “Tía, ¿es que no sabes leer? Lo pone en el artículo. De verdad, cómo es la gente”.

Por supuesto, dejé de seguirla de inmediato.

Quizá tenía un día malo. Quizá le habían preguntado ya eso mil veces, aunque no en los comentarios porque, si no, lo habría visto. Podría haberlo tenido en cuenta, pero ella no tuvo en cuenta si yo había tenido un día malo y contestó siendo una impertinente a una pregunta educada. ¿Quiero comprarle un libro a alguien que me trata mal? No.

Creo que este ejemplo muestra a la perfección por qué es tan importante cuidar siempre las formas, aunque cueste.

  1. Piensa en tu público objetivo

No vas a hablar igual a un niño que a un adulto. Tampoco a un lector o a un editor. A unos les interesa ver de ti unas cosas, y a otros, otras. Y tu trabajo es descubrirlo. Pero antes, debes tener en cuenta quién va a leerte o, mejor dicho, quién quieres que te lea.

Aunque en próximas entradas hablaré del público del escritor, debes saber de qué manera dirigirte a ellos para poder conectar correctamente. Por poner un ejemplo muy básico: no debes hablar con pedantería si tu público es YoungAdult. En cambio, si quieres impactar en un público más cultivado, deberás esforzarte en tener un discurso culto, estructurado, que alimente tu reputación de buen escritor.

Así pues, piensa a quién te quieres dirigir, analiza cómo sería su escritor perfecto y adapta tu voz a lo que esperan de ti. Porque tú eres ese escritor soñado, pero tienes que mostrárselo.

  1. Analiza tus puntos fuertes

A estas alturas de tu carrera ya sabrás qué cosas se te dan mejor. Explótalo. ¿Sabes hacer reír? Hazlo. ¿Eres ingenioso y rápido en tus respuestas? Muéstralo. Haz lo que sabes hacer bien y lúcete, que para eso sirven las redes sociales.

  1. Despierta emociones

Dicen que la manera más rápida de llegar a un corazón es a través del estómago (doy fe: dame chocolate y patatas fritas y seré tuya para siempre). La otra es a través de las emociones. Nada provoca más reacciones que un tuit, un estado o una publicación que enfade, haga reír o llorar.

Por eso, si has descubierto cuál es tu punto fuerte, utilízalo para despertar esas emociones y que la gente se enganche a ti. Ojo: antes he mencionado el enfado como algo que provoca reacciones, pero eso no significa que sea lo más deseable. Siempre puedes hacer comentarios ácidos e irónicos, pero intenta no ser un House de la vida. Aunque es muy divertido ver sus desplantes en la pequeña pantalla, si te toca como médico y te trata como si fueras basura igual te mosquea un poco. Si tratas con soberbia e impertinencia a tus lectores es posible que el que acabe en la basura sea tu libro.

  1. Sé cercano

Algunos aún nos acordamos del boom de los blogs. Nacieron miles y miles en poco tiempo y tenían un impacto espectacular en el público, seguramente porque todos tenemos un lado voyeur (que explicaría por qué tienen tanto éxito los programas del corazón, las novelas y Juego de tronos) que hace que nos guste conocer la vida de los demás.

Las empresas no tardaron en subirse al carro y se abrieron sus propios blogs corporativos. Pronto descubrieron que el éxito que esperaban no llegaba. ¿Por qué? Porque el público no veía en ellos el atractivo que poseían los blogs personales. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa los beneficios de Nestlé, más allá de a sus trabajadores, sus accionistas y a Hacienda? Exacto: a nadie.

Lo mismo pasa contigo. Está bien que seas escritor, pero también que seas algo más. No es necesario que cuentes tu vida, pero no está de más que des a conocer un poco de ti a través de anécdotas, experiencias o, simplemente, tus otros hobbies. No dejes que la gente se olvide de que, detrás de tu nombre, hay una persona.

  1. Sé homogéneo

No es lo mismo publicar en Twitter que en Facebook aunque ahora, con los hilos de tuits, puedes escribir casi tanto como en una publicación de la red de Zuckerberg. Aunque el espacio condiciona el discurso, no es excusa para que cambies tu voz de una plataforma social a otra. Ni, tampoco, de tu blog a las redes sociales. Nada despista más a un lector que verte siendo dulce y misericordioso en Facebook y un malnacido en Twitter. Se preguntará, y con razón, quién eres en realidad y por qué pareces tan falso. Por eso, es necesario que esa voz que encuentres gracias a los primeros pasos se mantenga en todos los escenarios en los que te muevas.

Encontrar tu voz: prueba y error

Sí, tú voz es única, pero eso no significa que no debas trabajar en ella o que será perfecta desde el principio. La voz narrativa se perfecciona con el uso; la voz en redes sociales, también. Prueba con tus puntos fuertes, practícalos y no tengas miedo a equivocarte: si no eres impertinente o maleducado, cualquier error puede ser un motivo para echarte unas buenas carcajadas en un futuro.

No hace mucho, me metí en un hilo en Twitter en el que hablaban escritores y bloggeros e intenté hacer un chascarrillo. Me salió fatal porque, y esto es así y no me podrás convencer de lo contrario, soy una persona muy poco graciosa. Total: mi chiste sonó fatal. Cuando me di cuenta de mi fallo, asumí la culpa y pedí perdón. Afortunadamente, al otro lado estaba Arkaitz, que es un tío majísimo que tiene un blog de reseñas (link) que deberías conocer, y lo solucionamos. Hablamos, le pedí perdón y seguimos adelante. Ahora nos seguimos el uno al otro y tenemos una buena relación porque, como os decía antes, es un tío muy majo al que deberíais seguir ya.

¿Qué he aprendido de eso? Que, si quiero hacer bromas, mejor poner veinte emoticonos para que se entienda porque, de lo contrario, seguro que la estaré liando.

Y que con buena educación y humildad (casi) todo se perdona. Así que adelante, escritores. Practicad vuestras voces y venid a contarme cómo os ha ido.

Imagen de Jason Rosewell (link) en Unsplash (link)