El cuento de la criada

Sinopsis

Un grupo de políticos teócratas dan un golpe de Estado en Estados Unidos y crean una sociedad puritana y ultra religiosa en la que una mujer vale tanto como útil es su útero. Constituyen la sociedad en estructuras jerarquizadas radicadas en las casas, donde el Comandante es el cabeza de familia y, dentro del hogar, las Esposas mandan sobre las Marthas y las Criadas.

Defred, la protagonista, es una de las últimas. Sirve a su comandante, Fred, bajo la atenta mirada de su Esposa, Serena Joy, y las Marthas. Solo espera poder concebir un hijo para él y que no la maten. O morirse antes.

Reseña

Debo decir que esta novela me impactó muchísimo. Reconozco, además, que es un clásico de la literatura pero que, hasta que HBO no ha hecho su versión en televisión, no me he animado a leerla. Y ahora me fustigo porque debería haberlo hecho antes. Pero vayamos por partes.

El cuento de la criada es una distopía narrada la historia de una Criada, una de las esclavas que, siguiendo el ejemplo literal de la Biblia, sirven a los Comandantes del gobierno para darles hijos. Está escrita en primera persona, y es una crítica a una sociedad que reduce a las mujeres al papel de entes reproductores. Aunque hoy en día las mujeres hemos recorrido, en los países ricos, un camino importante hacia la igualdad, aún hay ciertos tabús relacionados con la maternidad que algunos utilizan para lastrarnos. Tal como la autora cuenta en su prólogo, todo lo que ocurre en el libro está inspirado o directamente extraído de la realidad de países como Estados Unidos, donde se practica la poligamia en algunas regiones, el robo de niños en Argentina o el programa Lebensborn de las SS.

El personaje principal y narrador es Defred. Si os digo la verdad, no puedo pensar en ella y en su relato sin que se me ponga la piel de gallina y, reconozco, se me llenen los ojos de lágrimas. El personaje no solo es creíble sino que conecta a muchos niveles con el lector gracias a la forma en la que nos cuenta su historia. El resto de personajes, a los que vemos a través de los ojos de Defred, están bien dibujados y tienen, todos, un papel imprescindible en la trama. Los vemos evolucionar a través de sus vivencias con la protagonista y nos llegan tanto que, incluso queriendo, no podemos odiarles.

Una de las cosas que más me ha gustado de libro es su prosa. Como ya comentamos con Maritxu Olazabal en esta entrada en la que analizábamos el paso de las novelas a la televisión, la serie es magnífica. Sin embargo, nadie (y, menos aún, un escritor) debe perderse esta maravilla. Atwood, a través de Defred, nos narra un cuento crudo, sin ahorrarnos nada de lo que su protagonista piensa, vive o siente, y eso hace que nos llegue a lo más profundo de las entrañas. Y todo de forma cercana, fácil de leer y rica, con metáforas preciosas en un mundo que tiene de todo menos belleza. Sinceramente, casi me vuelvo loca subrayando frases y genialidades de la autora.

Así es como me siento: blanca, aplastada, delgada. Transparente. Seguro que es posible ver a través de mí.

Otra de las cosas que me parece un acierto es la estructura y la manera en la que la autora introduce flashbacks en la narración. Al fin y al cabo, lo que estamos leyendo es un hilo de pensamiento de Defred y este se ve atacado por recuerdos hermosos y dolorosos en respuesta a lo que está viviendo. Sin embargo, aún habiendo tantos saltos temporales es imposible perderse en la narración. Las transiciones de un tiempo a otro son, simplemente, perfectas. Envidiables.

Y es un libro muy corto. Tiene una estructura tan peculiar que me cuesta ver las tramas que hay detrás porque todo está tan bien hilado que parece una sola. Eso es lo que, a mi modo de ver, hace una obra tan redonda, tan perfecta. Imprescindible. Que tenéis que leerla, vaya.

Yo lo he comprado a través de Amazon.

Qué he aprendido de El cuento de la criada

Con esta novela me pasa algo muy curioso: creo que he aprendido muchísimas cosas pero no estoy segura de tener el potencial ni la capacidad de sumarlo a mi escritura. Pero vayamos por partes.

Por un lado, considero su prosa perfecta con el tono solemne que merecen los hechos que narra, siempre usando las palabras adecuadas sin caer en lo barroco ni lo cursi. Además, tiene esa capacidad de colocar a los personajes en el espacio de manera sencilla, dando los detalles justos del escenario y del ambiente para poder imaginárnoslo y sentirlo.

Por otro, como ya he comentado antes, me parece soberbia esa manera de cambiar de un tiempo a otro: de la actualidad que vive la protagonista como Defred al pasado, cuando era madre y esposa.

Por último, me parece especialmente interesante la manera en la que nos va introduciendo en el mundo en el que vive Defred. La historia arranca en plena acción, y todas las descripciones del mundo en el que viven y el pasado de la protagonista van introduciéndose de forma dinámica en la trama, sin que parezca una enciclopedia. ¿Queréis un Worldbuilding bien hecho? Leed este libro.

En parte, me alegra haber leído esta historia ahora que soy madre. Siempre me he considerado una mujer empática, muy capaz de ponerme en la piel de los demás y comprender su alegría o sufrimiento. Sin embargo, ahora que tengo una hija a la que quiero más que a mí misma, no me puedo imaginar qué sentiría si viviera todo lo que vive Defred. He sufrido con ella porque la autora me ha metido en su piel, y lo ha hecho de forma tan sutil que no he sido consciente de ello hasta que me eché a llorar por primera vez mientras leía este libro.

Es una obra maestra. Y punto.